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jueves, 6 de agosto de 2026

Mi Idaho privado

 Una casa de madera cayendo en una carretera solitaria bajo unos rasgos melancólicos de guitarra, y la voz pastosa y rebelde de un River Phoenix icónico despertaron; como no; mi interés, corría el año 1991, y Panamericana televisión señalaba que el sábado a la 1 de la mañana la pasaría. En ese tiempo me era super complicado quedarme despierto hasta esa hora, así que afiné mi VHS, lo programé para que grabara la película ese sábado a la 1 am.

Al día siguiente esperé con ansias, no tanto la película; si no, si había programado bien la maquinita, y me alegré infinitamente, como si hubiera descubierto la internet, que ambos estaban ahí, la cinta del VHS y la película bien grabada, con cortes comerciales y todo.
“Mi Idaho privado” se llama la película del director Gus Van Sant, unos jovencísimos Keanu Reeves y River Phoenix entraron en mi rutinaria vida zamaqueándola despiadadamente, dos jóvenes disimiles y a la vez iguales, las calles de Portland, el lado oeste de Estados Unidos, el menos conocido y el más recatado, era invadido por hordas de muchachos buscando encontrar su camino, River, con encontrar a su madre que lo abandonó y Keanu, aristócrata que baja al llano, a dormir en las frías calles, aligerando el alma con una poesía surrealista sólo hasta cumplir los 21 años, en los que la herencia paterna le tendría una vida acomodada.
Música que pincha la piel, motocicletas que crujen, chaquetas rocanroleras de esos muchachitos que vendían su cuerpo por billetes, rebeldes tribales que danzan a la muerte, como River Phoenix en la vida real, que danzó a la eternidad en el bar de Johnny Deep “The Viper Room”, donde las drogas apagaron una brillante estrella.

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