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jueves, 6 de agosto de 2026

Hojarasca de otoño

 Hojarasca de otoño has enraizado el elixir de tu belleza en las profundidades de un sosegado mar recordándonos que eres y serás la vida aún en la incierta necedad de los hombres por anegar tu espíritu agobiándolo de #plástico ...



ALEATORIO



Allá por el año 1990, anduve alguna vez por la plaza San Martín, cuando era tierra de nadie, cuando los pirañas y los bajos fondos la dominaban, cuando Sendero Luminoso cercaba Lima con sus coches bomba y el terror.
Caminé alguna vez rumbó al cine Metro para ver la película el Guardaespaldas en donde la canción principal hacia añicos mi estereotipado personaje de hippy urbano marginal, época en la que me encontraba enamorado de una quinceañera y alquilaba mis sueños por una hora de conversación de amores con finales infelices, refugiado en la coraza de Rayuela, libro de Cortázar.
Buscaba en el amanecer alambicado el perfil filantrópico de su personaje principal de la novela Rayuela, la MAGA.
Andaba de teatro en museo rebuscando su esbelta figura.
Iluso coleccionista de historias, recopilador empedernido de recortes de vidas recogidas de las madrugadas agujeradas de una Lima vital en la que hervía el sentido insensato de caminar descalzo por los vericuetos de pasajes secretos y callejones de los Barrios Altos en donde la voz razonablemente socarrona de un ser corroído por el alcohol y las drogas desgarraba tu alma aquejada por la búsqueda de la implacable verdad de nuestras vidas aleatorias.

DON JUAN DE MARCO Por Renato Rodríguez García.


 La noche acompañó a la luna hasta que creyó que le debería serle infiel y se esfumó junto a la bruma de una Lima que es nostálgica, pura, inmaterial y tremendamente sexy, como la silueta de una morena saliendo de un callejón aquejado por la insolencia de los secretos más execrables, más impuros, más insoslayables, más hirientes e inimaginables.

Una botella de un licor barato interrumpió el paso de un hombre que frisaba los cuarenta años, de buen porte, impecablemente ataviado de un jean de un azul indescifrable, de una barba púber y de unos ojos revoltosos y bullangueros. Recogió elegantemente su gorra con el logo de los Yankees de Nueva York, se colgó unos lentes imitación Ray Ban, con protección mínima para los rayos UV, y se lanzó al nuevo día, abrazándolo con desconfianza.
Había pasado una noche enloquecedora y terriblemente lunática, una mujer, con la que había llegado a su habitación con la buena intención de tener sexo toda la noche, sin embargo se la pasó íntegramente escuchándola como había sido su vida tan llena de desventuras amorosas y de pecados.
Se alisó el cabello, se alisó sus pensamientos y se largó a caminar sintiendo la brisa de un aire burlón, no lo respiró, sólo lo arrojó a la deriva mientras subía acrobáticamente al microbús que lo llevaría a Jesús María, donde tenía una cita matutina con una chica de liso pelo rubio que dormía en un carro abandonado cercano a un grifo.
La chica tenía unos ojos redondos de un marrón hermoso, casi como la miel, ella era una tierna gata angora abandonada por la vida y por miles de amantes. Filósofa de la calle, pregonaba que sólo le bastaba su mirada para vivir, apartada de las comodidades de una casa y hogar, había acondicionado aquel carro Dodge en un departamento dúplex con vista panorámica. Era cómico cuando de sus labios escuchabas su teoría de la vida, la ductilidad del metal precioso como el oro resplandeciente de su sonrisa.
Había dopado aquella belleza a Sebastián, que bajó del microbús e inmediatamente prendió un cigarrillo de olor penetrante, diríamos que sería un cigarrillo Inka. Inhaló tan hondo como sus pulmones se lo permitieron, esta acción que lo dejó un poco atontado y a la vez feliz. Atisbó entre la neblina el Dodge negro azabache a lo lejos y sonrió al pensar que llegaría pronto para ver a su escarlata amante, de pensamiento indescifrable.
Teatralizó su caminar, movió exageradamente la cintura como felino en caza, y se aproximó sigiloso hacia la morada ecléctica. Escucho unos ronquidos, quizás fueron unos alaridos, quizás fue el eco de la conversación de la chica morena que no lo dejó dormir tranquilo la noche anterior con la historia interminable de sus desventuras, sólo observó el movimiento ondulante de la cabellera de la chica de oro que al mirarlo con esos ojos caramelo, le hizo un mohín, que él interpreto que no debería de llegar todavía a tocar la puerta de esa morada, porque la dueña andaba en placeres paganos impropios para la vista de un legendario don Juan.

CRÍTICA A MI LIBRO "Trujillo Mon Amour" por Nivardo Córdova Salinas*

 CRÍTICA A MI LIBRO "Trujillo Mon Amour" aparecida en el diario digital #RíoHablador de su director
Nivardo Córdova, antiguo periodista de Caretas y ex Editor de Cultura del Diario La Industria de Trujillo:

Me permito y soy culpable de extraer un párrafo aliciente a mi obra del veleidoso oficio de la crítica literaria:
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En su narrativa, ágil y dinámica, nostálgica e irónica al mismo tiempo, se pueden rastrear algunas de sus influencias como el cuentista peruano Julio Ramón Ribeyro, el narrador argentino Julio Cortázar o el Nobel chino de literatura Mo Yao. Justamente esa fineza francófona de expresar «mon amour» -mi amor, en idioma francés- es un guiño al clacisismo o modernismo literario. Recuérdese que Vallejo, el inmortal poeta santiaguino que radicó en Trujillo, vivió y murió en París, y adoptó el francés como su segunda lengua.
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TEXTO COMPETO:
Tras haber publicado el poemario "Bizarro" (2015), el escritor y periodista trujillano #RenatoRodríguezGarcía nos vuelve a sorprender con su libro "Trujillo, mon amour" (2022), conjunto de cuentos y crónicas que ya circula en el portal #Amazon.
* * *
"TRUJILLO, MON AMOUR": NUEVO LIBRO DEL
ESCRITOR Y PERIODISTA RENATO RODRÍGUEZ
«Trujillo, mon amour. Cuentos escogidos» (2022) se titula el nuevo libro del escritor Renato Rodríguez García (1970). Esta vez, se trata de un conjunto de relatos inspirados en vivencias, recuerdos y anécdotas trujillanas. Un homenaje a una ciudad, otrora capital de la cultura, que se resiste a morir en el tiempo.
Aunque nació en Cusco en el año de 1970, Renato creció en Trujillo y por eso se siente “trujillano de mente y corazón”, debido a que en esta ciudad creció y realizó su educación intelectual y sentimental. Un dato importante es que estudió y terminó la secundaria en 1986 en el Colegio Claretiano de Trujillo, como parte de la «Promoción Hermano Juan Diego Píriz Macías CMF». Allí fue donde lo conocí, entre caminatas, lecturas, canciones y una persistente vocación por la literatura y el arte.
Aunque inicialmente comenzó publicando poemas solamente en su blog personal «Errante como la vida de un perro callejero» (http://prepago-dog.blogspot.com/), el primer lanzamiento del autor al «gran público» fue su poemario «Bizarro» (2015), en versión impresa y digital, un libro cuya mayor virtud aparente es la simplicidad (no el facilismo) de la lectura, pero con un subyacente espíritu intimista, romántico y filosófico en búsqueda de la esencia del alma del ser humano.
Ocasionalmente escribe crónicas y artículos periodísticos para el diario digital «Río Hablador», y esta vez Renato Rodríguez nos entrega un puñado de cuentos de gran solidez narrativa. «Trujillo, mon amour» es su ingreso al terreno de la prosa con historias cuyo eje principal es la vida misma: los amigos del barrio que partieron, vivencias de la infancia y la adolescencia, amores fugaces.
Renato es además melómano, observador oculto, cinéfilo, amante de la naturaleza, artista que se autodefine como “obsesionado con el instinto de los animales y con la caballerosidad de las bestias, respetuoso, ciertamente galante”. ¿Algo más? Internauta, marinero en tierra y filósofo urbano, que viene realizando una obra literaria silenciosa (pero no silente), sin malabarismos ni efectismos, sin mucha finta pero con pasión y hondura. Con melancolía y alegría. Con honestidad, “claro y sencillo”, como soñaba Eguren.
TRUJILLO, MON AMOUR
Renato presenta su libro con esta frase: «Cuentos escogidos con la pasión de un niño al aprender a montar bicicleta, mochila en la espalda lleno de ilusiones sueños. Cuentos que los harán reír, parpadear, sentir la brisa del viento que viene del mar y zambullirse en su lectura que los atrapará por siempre».
En su narrativa, ágil y dinámica, nostálgica e irónica al mismo tiempo, se pueden rastrear algunas de sus influencias como el cuentista peruano Julio Ramón Ribeyro, el narrador argentino Julio Cortázar o el Nobel chino de literatura Mo Yao. Justamente esa fineza francófona de expresar «mon amour» -mi amor, en idioma francés- es un guiño al clacisismo o modernismo literario.
Recuérdese que Vallejo, el inmortal poeta santiaguino que radicó en Trujillo, vivió y murió en París, y adoptó el francés como su segunda lengua.
Pero más nostalgia hay por Trujillo, buscando aquellos rastros y esquinas de su barrio, la urbanización California, el fulbito, la playa o suspirando por su primer amor a la salida del colegio La Inmaculada. Este fragmento es esclarecedor de esa búsque en las profundidades de tiempos idos:
«Martín, Iván, El Chino, Renzo, José Enrique, Lucho, Hitto, Calincho y yo; aparte de jugar fútbol todos los días, éramos patas de barrio, del barrio que fundó el #ChinoAhumada allá por los 80´s. Crecimos juntos, compitiendo quien orina más lejos, caminado a nuestra playa privada a la que llamamos #CaliforniaBeach, que quedaba entre La Bocana del Río Moche y Buenos Aires, era una playa a la cual llegábamos cruzando el antiquísimo barrio de Huamán, por esos tiempos tierra de faites, íbamos en las tardes caminando a paso ligero, hasta que alguien se dio cuenta de que El Chino se rezagaba y no tuvieron mejor idea que amarrarnos toda la #colla a una soga que envolvía nuestra cintura, con la sola finalidad de que si alguien se quedaba todo el grupo se paraba, era todos para uno y uno para todos, y para hacerla más tranca, nos subíamos a los muretes de barro que separaban las chacras, y ahí desde lo alto nos poníamos a correr, el reto era no caer, porque si uno se iba al abismo arrastraba a toda la patota al abismo púber de nuestras miradas, más de una vez nos caímos riéndonos, por eso dicen que los hombres mueres antes que las mujeres, juegos que para nosotros nos hacía aventureros».
El libro «Trujillo, mon amour» contiene 31 relatos: Una rosa para mamá Paquita, Fumando espero, Ángeles en el mar, La música viene de la calle, Treintaicinco años no es nada, El amor en los ochenta, El jefe, Pero si todavía no sabes leer, El sueño me gana,
Además: Examen crucial, La matemática inesperada de mi vida, Parto natural, Clavado en la noticia, Gregorio Samsa, El Chino Ahumada, El loco Miguel, Ingenieros de élite, El alza está que sube, “chochera”, Al final del día, Promoción, Citibank y la tropa de élite.
Completan la lista: Los heraldos negros, Con altura se miden los retos, Camino culebrero, Pacalita, Aleatorio, El perseguidor, Ella 1, Ella 2; Corazón errante, Farallón y Kibuts.
*Nivardo Vasni Córdova Salinas (Cayaltí, Perú, 1969). Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura (UDEP), trabaja en periodismo desde 1989. Actualmente realiza estudios en el programa de Maestría en Comunicaciones de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Es director del periódico digital Río Hablador. Su trabajo periodístico ha sido reconocido con el Premio Nacional de Periodismo y Comunicación Social "Cardenal Juan Landázuri Ricketts" de la Conferencia Episcopal Peruana en los años 2013, 2016 y 2019. Su trayectoria académica y profesional está en la enciclopedia virtual Wikipedia (https://tinyurl.com/32k97kfe Ha publicado en los diarios La Industria, Nuevo Norte, El Tiempo, Vea, Expresión, Últimas Noticias, Correo, El Comercio, El Peruano, Expreso, La Primera, Caretas y el Boletín del Archivo San Francisco de Lima. Ha sido catedrático en el área de periodismo en la Universidad Privada del Norte (UPN), Señor de Sipán (USS), César Vallejo (UCV) y San Martín de Porres (USMP). Es autor de los poemarios: "Poesía ínfima" (2002), "Oscuración" (2011) y "Obsesivo/Compulsivo" (2015), y las investigaciones histórico-literarias: "Poemas franciscanos de Fr. Luis Valle Goicochea OFM" (Lima, 2009) y "Fr. José Mojica, memorias en el Perú" (2014) en coautoría con Fr. Abel Pacheco Sánchez OFM.

LA COPA AMÉRICA SE VISTIÓ DE MESSI

 


El fútbol es como la vida o la vida es como el fútbol, se gana, se pierde, se ríe, se llora, se lucha, se gambetea el futuro, se extiende la vida, eres cauto, aguerrido, sensato, mundano, idealista, avasallador, pides la pelota o te escondes detrás del gramado, gritas, te enojas, pierdes el control, te peleas, vuelve la cordura o la locura se apodera de ti.

¿Tenemos que ganar algo con tu selección para quedar en la historia?. Le pregunté a quemarropa a MESSI, en un camerino imaginario que tejí.
El Rosarino es tímido, lleva los palmares de haber ganado todos y cada uno de los Campeonatos de Clubes de élite. Ganador cuando quiso de Balones de Oro al mejor jugador.
Pero en los ojos esquivos de ese pibe noté que la respuesta era que SI, que tenés que ganar una Copa, y esta Copa América lo colocó en el portal de la historia. LIO es historia.
NOTA completa de esta crónica, la pueden encontrar en: Río Hablador

https://elriohablador.wordpress.com/2026/03/03/maria-felizcar-garcia-garcia/

PARIS – TEXAS

 Por esta película llegué a París...A París-Texas, un pequeño lugar en el infinito desierto texano...Inolvidable película ganadora del Cannes. Va mi impresión dejada allá en el lejano 1989.



Asiduo incognito de la vieja Filmoteca de Lima en 1989, hoy Museo de Arte de Lima (MALI), vi en aquellos años en el escaparate de la filmoteca un ciclo de cine de películas premiadas por el prestigioso Festival de Cannes, una incógnita en mi cabeza revoloteó frente a un título sugestivo – PARÍS-TEXAS – el sólo leer París, me sobrecogió el compromiso ineludible con la historia de que debería estar en el día y en la hora pactada para que en la penumbra de esa sala de la antigua Filmoteca inmiscuirme en esa obra maestra.
Y lo estuve, fiel perseguidor del sueño de la buhardilla de allá donde París era el lienzo que debíamos pintar todos los que dormimos un día y quisimos ser bohemios escritores bebedores de absenta de ese verde exquisito que durmió pintores de un expresionismo que aquietó sus demonios momentáneamente.
Ayer mientras ojeaba la programación de la televisión por cable nuevamente y desde el principio esta vez volví a ver PARÍS – TEXAS y de los retahilos de los fotogramas vistos hicieron añicos la nostalgia de la película vista en chiquillos años.
Ese lienzo de película se presentó como el desierto de Texas con su monumental paisaje, su icónica belleza fotográfica, con un Win Wender – su Director – pausado, muy pausado, cronometrando los 180 minutos que dura el film, una rasgada guitarra nostálgica y polvorienta, lacustre nos sumerge en mares incomprensibles de la psiquis humana.
Un hombre - Harry Dean Stanton emerge desde la profundidad de su depresión gracias al amor de un hermano quien crio a su sobrino abandonado, caminando hacía la lucidez, quien luego de lustrar sus recuerdos carga al hijo a una aventura púber de encontrar a la madre y con ello encontrarse a su propio yo.
Cuando Harry encuentra a la madre (Nastassja Kinski), una barrera de vidrio los separa, es como - Win Wender – su director nos declama que la barrera de la comunicación de los seres humanos tiene apenas unos milímetros de espesor, que quien se atreva a romperlo o traspasarlo conseguirá la redención.
Nota aparte es la nostalgia del padre al irse y dejar que madre e hijo abracen la relación simbiótica, imperecedera, umbilical del cordón que debe consolidar la aventura del niño hacia la adultez.
Nota aparecida en #RíoHablador la pasada semana.

ÁNGELES INYECTANDO ESPERANZA Y VIDA

 Las dos fotos son las mismas o son diferentes, me hacía esa pregunta mientras revisaba mi móvil antes de montar mi bicicleta y regresar al inicio de mi travesía.

Son 3 chicas en su descanso de mediodía contemplando el mar y su horizonte, descansando la mente y alimentando el corazón. Quizás viendo la infinidad de su labor salvando vidas, con esos pinchazos miles de hogares abrigarán la esperanza de que sus seres queridos sigan con ellos.
Esa tarde en el balneario de Buenos Aires, Trujillo, ese balneario golpeado por el tiempo, donde habitan esas rocas que intentan amainar la furia de la naturaleza, estaban ellas, como 3 rocas más, amainando también la naturaleza. Sus trajes clásicos de azul se perdían con el fondo de un mar, que de olas venían pintadas de blanco, señal de paz.
Tres avecillas surcaron el firmamento rumbo a su indómita migración, dos olas perfectas descansaron en sus miradas; ellas, las chicas enfermeras; reían, las escuché en un ínterin, están felices cavilé – y cómo no!!! … Son ígneas rocas que horas tras días otorgan su tiempo para inocular esperanza, invaluable testigo de un acto que años venideros vendrán a reconocerán su vehemente labor.
Ellas pisaban una sola roca, que es el cimiento de un nuevo amanecer, aunque el camino es largo y el sufrimiento ha sido y será duro, tenemos la certeza de que hay vidas que valen un mar, un mar de Buenos Aires en esta ocasión.

Mi Idaho privado

 Una casa de madera cayendo en una carretera solitaria bajo unos rasgos melancólicos de guitarra, y la voz pastosa y rebelde de un River Phoenix icónico despertaron; como no; mi interés, corría el año 1991, y Panamericana televisión señalaba que el sábado a la 1 de la mañana la pasaría. En ese tiempo me era super complicado quedarme despierto hasta esa hora, así que afiné mi VHS, lo programé para que grabara la película ese sábado a la 1 am.

Al día siguiente esperé con ansias, no tanto la película; si no, si había programado bien la maquinita, y me alegré infinitamente, como si hubiera descubierto la internet, que ambos estaban ahí, la cinta del VHS y la película bien grabada, con cortes comerciales y todo.
“Mi Idaho privado” se llama la película del director Gus Van Sant, unos jovencísimos Keanu Reeves y River Phoenix entraron en mi rutinaria vida zamaqueándola despiadadamente, dos jóvenes disimiles y a la vez iguales, las calles de Portland, el lado oeste de Estados Unidos, el menos conocido y el más recatado, era invadido por hordas de muchachos buscando encontrar su camino, River, con encontrar a su madre que lo abandonó y Keanu, aristócrata que baja al llano, a dormir en las frías calles, aligerando el alma con una poesía surrealista sólo hasta cumplir los 21 años, en los que la herencia paterna le tendría una vida acomodada.
Música que pincha la piel, motocicletas que crujen, chaquetas rocanroleras de esos muchachitos que vendían su cuerpo por billetes, rebeldes tribales que danzan a la muerte, como River Phoenix en la vida real, que danzó a la eternidad en el bar de Johnny Deep “The Viper Room”, donde las drogas apagaron una brillante estrella.

“Si hubiera sabido que mi HIJO iba a llegar a ser PRESIDENTE, lo enviaba a la ESCUELA”...García Márquez: un deicida entre sus dedos.

 Páginas enteras de un tirón, sin puntos ni comas, como una orgía perpetua en el tiempo de los años del vómito negro, así es García Márquez en el Otoño del Patriarca, simplemente magistral.

Sin puntos ni comas, pero con un lenguaje repujado cuando lo amerita, sin puntos ni comas, pero con su sabor caribeño, sin puntos ni comas, y sin nombre del personaje principal – el dictador - quizás porque éste nunca aprendió a escribir, y lo que balbuceaba en las postrimerías de su amor de senectud es: “Mi ma má me mi ma”.
"Leticia Nazareno le puso el abecedario en las manos de verdugo, le señaló las letras como si le enseñara a un niño, y él, que había firmado sentencias de muerte con una cruz, empezó a descifrar sílaba a sílaba su propio nombre, que ya ni recordaba, mientras afuera los pájaros del poder cantaban versos de mentira."
"Aprendió a leer cuando ya no servía para nada, cuando descubrió que las palabras no decían la verdad, sino la versión más conveniente de quienes lo mantenían en el trono."
Las imágenes aparecen como gotas de lluvia, una más fascinante que la otra, como un aguacero de la guajira, en donde el mar de la novela podría ser vendido en el año del cometa y para refrescar la nostalgia de los recuerdos trajeron un ventilador que hacía los sonidos exactamente iguales a los del Mar ido o vendido a los gringos quienes se lo llevaron en pedazos a Arizona medidos en galones y tasados a precio del mercurio.
"Firmó el decreto de venta del mar en una ceremonia grotesca: lo midieron por galones, lo tasaron al precio del mercurio, y los enviados del imperio se lo llevaron en buques cisterna, dejando atrás un desierto de sal y camareros sin trabajo."
Ahora los ventarrones de arena salobre del desierto que dejó el mar enajenado recuerdan el tiempo estático de las manecillas de la Iglesia que el Tirano había mandado por decreto detener, para que su vida fuera eterna, era como si el día anterior debiera ser igual al de pasado mañana para que su poder mantenga el orden de firmar decretos con una cruz los cuales años después servirían para envolver pescado fresco del mar que nos dejó.
"Era tan viejo que ya no le quedaban ojos bajo los párpados, pero seguía en el poder como un monumento a sí mismo."
Dormía en el suelo boca abajo con su manita de porcelana donde se apoyaba su cabeza de cuervo sagaz que la vida le enseñó a capear y no la escuela, porque los que estudian sólo les sirve para conspirar con el gobierno elegido por el pueblo amado, sacrificado y amordazado.
Yo estoy plenamente seguro y de ello puedo dar fe, porque he leído la novela todos los días de mi vida incluso cuando estoy durmiendo y nadando en el mar que se fue, que cada letra unida en palabra y hecha luz en oraciones y conjugada en párrafos enteros de catarsis febril como el calor adulador del caribe y los 7 años que dicen que el genio de García Márquez la escribió, es una OBRA DE ARTE INMORTAL, de las que nacen cada CIEN AÑOS...de SOLEDAD.
Autor: Renato Rodríguez García.
#RíoHablador Río Hablador
Nivardo Córdova Salinas